| |
LOS INVISIBLES
Por Gema
Vives
del Institut
Català de Superdotació
La palabra
"superdotado" tiene unas connotaciones entre cómicas
e intimidatorias que no tiene la palabra inglesa "gifted", ni
siquiera la francesa "surdoué". El objeto de este artículo
es hablar de los niños superdotados que no son detectados, ni por
su familia ni durante sus estudios (nunca, en ocasiones), niños,
y sobre todo niñas, a los que los autores que tratan el tema de
la superdotación llaman "superdotados disminuidos", que
parece un oxímoron. Por otra parte, hay que distinguir entre la
superdotación propiamente dicha y el talento. Se considera niños
superdotados a los que tienen un CI de 130 o más: si crecen en
un entorno favorable y pueden desarrollar su potencial, son niños
no sólo muy inteligentes sino socialmente maduros, creativos, independientes,
con dotes de liderazgo, sentido del humor, etc. Los niños talentosos
destacan en un aspecto determinado (la música, el ajedrez, las
matemáticas, la pintura...) y pueden tener o no una inteligencia
superior. Emplearé los términos que están en uso
a pesar de los inconvenientes semánticos apuntados más arriba.
Según
el Ministerio de Educación, hay en España 300.000 niños
superdotados, de los cuales sólo el 0,6% ha sido identificado como
tal. (Aunque no hay datos oficiales sobre los porcentajes de no identificados
por sexos, se sabe que el número de niñas que escapan a
la detección es muy superior al de niños: en el caso de
las primeras el porcentaje podría llegar al 90%). Cuando estos
niños y niñas superdotados no desarrollan su potencial intelectual
(y humano), cuando ni siquiera son conscientes de que lo poseen, son siempre,
en la edad adulta, personas con problemas. Dejando aparte el drama vital
de estas personas, la sociedad sale perdiendo en estos casos por una doble
razón: primero, porque pierde todo aquéllo que estos niños
y niñas hubiesen podido aportar; segundo, porque los individuos
con problemas suelen generar a su vez problemas.
Los superdotados
disminuidos o inadaptados no son identificados porque sus dotes están
sofocadas y quedan camufladas u ocultas. En algunos casos son niños
que presentan problemas de comportamiento (agresividad, pasividad, etc.);
en otros, niños tranquilos y apagados que obtienen resultados escolares
mediocres, niñas que por necesidades de sociabilidad imitan a las
demás, etc. Los casos más delicados son los de niños
y niñas en que la superdotación no detectada coexiste con
problemas emocionales de raíz familiar: situaciones de abandono
no siempre evidentes, maltrato físico y/o psíquico, etc.
Cuando estos niños van a la escuela tienen ya unos bloqueos o unos
trastornos que dificultan o imposibilitan el que los maestros se percaten
de su verdadero potencial. Los autores que tratan estos temas coinciden
en que, cuanto antes sea reconocido y apoyado en su esfuerzo el niño
dotado, tanto más fácil será su evolución
intelectual.
La detección
es un primer paso, y pueden realizarla los padres o los maestros. (Los
cuestionarios elaborados por el Ministerio de Educación para que
los padres puedan hacer la detección pueden verse en www.xarxabcn.net/instisuper).
La identificación, el paso posterior, es una tarea que han de llevar
a cabo unos profesionales especializados. La prueba de detección
que se ha mostrado más fiable (más que las apreciaciones
de los maestros, las notas escolares, los tests de creatividad o los exámenes
de grupo) es la prueba de CI individual. Creemos que las autoridades educativas
deberían organizar la implantación de estas pruebas en todos
los centros escolares del país, de manera que ningún niño
o niña superdotado corriese el riesgo de pasar por el sistema educativo
sin ser descubierto. Estas pruebas podrían servir asimismo para
descubrir los talentos específicos y las necesidades educativas
diferentes que poseen todos los niños. Se trataría de identificar
unos casos y darles la ayuda y los estímulos que no han tenido
hasta ese momento, en absoluto de clasificar a los niños en más
o menos inteligentes. Teniendo en cuenta que será tanto más
fácil que un niño o niña superdotado pase desapercibido
cuando se encuentre en situaciones de abandono o maltrato, esta prueba
debería ponerse en todos los centros donde hay niños u adolescentes
(centros de acogida, de reforma, etc.)
La detección sería relativamente sencilla de organizar;
entonces, ¿por qué no se hace? ¿Y por qué,
en los casos de niños afortunados cuyos padres se han percatado
de que el niño era "diferente" y han costeado ellos las
pruebas en algún centro, luego se comprueba que en el sistema educativo
no se han previsto soluciones para estos niños? Una razón
es sencillamente el desconocimiento que hay de esta problemática
en la sociedad española, la consiguiente indiferencia de las autoridades
educativas al respecto (al no haber una presión social que les
demande soluciones) y su reticencia a emplear dinero en ello. Luego está
la situación de la educación primaria y, sobre todo, secundaria,
donde a menudo los profesores tienen más alumnos de los que pueden
atender de forma individual y donde han de bregar con unos problemas que
no existían hace algunos años, cuando muchos alumnos que
ahora están en institutos estudiaban formación profesional.
(Algunos casos de actitudes conflictivas o pasivas, sin embargo, tienen
su origen en la llamada disincronía escolar --el desfase entre
el ritmo uniformizado del curso escolar y la rapidez del desarrollo mental
de los niños precoces--, y aquéllas desaparecen en cuanto
los estudios se adaptan a la capacidad real del niño.) Es comprensible
que a muchos profesionales de la enseñanza les inquiete la idea
de tener un alumno superdotado en el aula, pues nadie les ha preparado
para atender una diversidad de tan amplio espectro.
Pero las soluciones existen y, si se tiene en cuenta lo que está
en juego, su coste financiero y los esfuerzos humanos requeridos no son
desmesurados. En algunos casos --los menos-- la solución podría
estar en pasar a ese alumno o alumna a un curso superior; en otros casos,
en proporcionarle estímulos, fuera del horario escolar, en el área
en que tiene talento; en otros, en algo tan sencillo como facilitarle
el contacto con otros niños como él; en otros, en las adaptaciones
curriculares dentro del aula (las llamadas ACIS). Esto último se
hace ya para los discapacitados psíquicos; ¿por qué
no hacerlo también para los superdotados? La razón que suele
esgrimirse es que a los maestros no se les ha preparado para hacer ACIS
de este tipo. Sin embargo, no todo el material didáctico que se
usa en un centro lo han elaborado los maestros que trabajan en él:
los libros de texto son un ejemplo. Se podría emplear material
elaborado fuera del centro y organizar grupos de apoyo formados por especialistas
que fuesen a la escuela periódicamente para trabajar con estos
niños. Y en algunas Asociaciones de Padres y Madres de niños/as
superdotados/as se enseña ya a los maestros interesados a elaborar
ACIS "a la alta". (Véase el "modelo de adaptación
curricular" de la web mencionada, tras consultar su capítulo
"Las adaptaciones curriculares.") Por elementales que puedan
parecer algunas de estas soluciones si las comparamos con lo que se hace
en países como Estados Unidos o Inglaterra, sería mucho
mejor que no hacer nada. Y es que incluso cuando, por falta de medios
económicos o humanos, no se le proporcionase al menor detectado
todo lo que necesita, el solo hecho de haber identificado el problema
puede suponer, para el niño o adolescente, el final de una pesadilla.
Porque los superdotados disminuidos saben oscuramente que son distintos
a los demás pero no saben en qué. Sólo sufren el
problema, generalmente expresando su frustración hacia afuera en
el caso de los niños o retrayéndose en el caso de las niñas.
A menudo abrigan sentimientos de minusvalía. El solo hecho de saber
qué les pasa, y cualquier ayuda psicológica y humana que
entonces pudiesen recibir, les supondría una mejora.
España ha tenido una relación difícil con la inteligencia.
Por lo general la ha castigado, expulsado, marginado; la ha tolerado (en
el sentido más inhóspito de esta palabra); o simplemente
ha hecho caso omiso de ella. A pesar de la revolución que ha habido
en muchos aspectos de la vida española en los últimos cien
años, me temo que en este asunto poco hemos mejorado: el desconocimiento
que hay en la sociedad del tema de la superdotación infantil y
la indiferencia con que suele tratarse por parte de las autoridades educativas
son prueba de ello. Pero teniendo en cuenta que los problemas mundiales
no tienen traza de mejorar en los próximos decenios, no podemos
permitirnos el lujo de prescindir de las valiosas aportaciones que los
niños actuales harían dentro de veinte, treinta o cuarenta
años. Tampoco tenemos derecho a crear vidas mutiladas, personas
frustradas y desconcertadas. Los niños superdotados son niños,
es decir, están inermes frente a las decisiones que toman los adultos
que les rodean. Los niños superdotados disminuidos están
inermes y, además, atrapados. No sigamos fallándoles. Las
iniciativas que toman las Asociaciones de Padres y Madres de niños/as
superdotados/as, aunque encomiables, van encaminadas sobre todo a que
se resuelvan las necesidades educativas de sus hijos, los ya detectados.
Por eso creemos que, para esa inmensa mayoría de superdotados que
están en el limbo, la iniciativa pertenece también a maestros,
profesores, y, sobre todo, a las autoridades educativas de las diversas
Comunidades Autónomas. Son éstas quienes deberían
tomarse en serio el tema, ver cómo se hacen las cosas en los países
donde se identifica y se atiende a estos niños, y no aplazar indefinidamente
la aplicación de las soluciones en éste.

Volver
|